En la ciénaga crecen los azotadores, necesarios para despejar la espesura y otros detritos del bosque. Los corazones y sus rítmicos cantos llenan el bosque de asombro.
Es posible adiestrar a los mortíferos terrores a fuerza de premios y castigos. Una vez amansados, son bestias obedientes dentro y fuera del campo de batalla.
Los troles viven debajo de puentes, ya que allí confluye todo lo que aman: piedras, agua y soledad. En las charcas cercanas es común encontrar bacaballos. Por qué se llevan tan bien ambas especies es un misterio indescifrable.
Los sectarios y eruditos aurelianos estudian escrituras ancestrales y convencen a los peregrinos de que, a su retorno, Aurelia Eterna restaurará la paz y la gloria.
Cuando los enemigos de la baronía se acercan, una torre de vigilancia los detecta y, con guarniciones y balistas, defiende ciudades y asentamientos del asedio.
Cuando los enemigos de los Vanir se acercan, una torre de vigilancia los detecta y, con guarniciones y balistas, defiende ciudades y asentamientos del asedio.
Los Raíces buscan a todos los seres muertos en su continuo esfuerzo por crear más portadores. Los portadores fracturados son el resultado fallido de sus esfuerzos.